EL URBANISMO LLEGA A CALI

publicado a la‎(s)‎ 27 nov. 2011 5:52 por Carlos A. Gonzalez G.   [ actualizado el 4 ene. 2012 7:06 ]
Carlos A. González G.


Revista Dinero
Edición Digital, Sección Opinión
Colombia. Julio 5 de 2011


Artículo de Opinión

El desorden urbanístico, el crecimiento irracional y los asentamientos informales han cobrado gran protagonismo durante las últimas décadas en la ciudad de Cali. A pesar de que la Ley 388 de 1997 introdujo la planificación territorial en nuestro país y en el año 2000 se formuló el primer Plan de Ordenamiento Territorial del Municipio de Cali; la desidia hacia la planificación ha sido la principal característica de diversas administraciones locales durante los últimos 10 años.

En este caótico escenario, la Universidad del Valle, a través de la Escuela de Arquitectura, acaba de anunciar su nuevo programa de Maestría en Arquitectura y Urbanismo (MAU); noticia que carecería de importancia alguna si no fuera porque se trata del primer programa de formación avanzada e investigación en estos dos campos no solo en la ciudad de Cali, sino en todo el sur occidente colombiano. Dado el contexto, resulta necesario plantear las siguientes preguntas: ¿Cuáles son los retos del nuevo programa y de la academia frente al desarrollo de la ciudad? ¿Cómo lograr que la docencia de alto nivel y la investigación aplicada generada desde la academia tengan influencia real en la toma de decisiones por parte del gobierno local en temas de desarrollo urbano?

El bien conocido ‘Cali-banismo’, reinterpretado como la nociva práctica local en la que cualquier individuo o grupo con una iniciativa loable puede ser rápidamente devorado por algunos de sus coterráneos, fue el primero en pronunciarse al respecto. Sus más acérrimos practicantes, quienes si bien son pocos se destacan por incisivos, no han tardado en comentar que más que celebrar un logro lo que hay que exigir es una disculpa de la academia por lo que se dejó de hacer durante tanto tiempo. Así, argumentan que es lamentable que en la flamante ciudad capital de una de las regiones que conforman el ‘triangulo de oro’ de la economía colombiana, dicho programa solo surja hasta ahora, y aún más cuando su primera Escuela de Arquitectura, entonces Facultad, apareció hace más de medio siglo.

Al margen de tales posturas que poco aportan a la mejora de la situación actual, cabe anotar que resulta destacable la iniciativa de un grupo de docentes que, rompiendo la inercia institucional de tantos años, lograron sacar adelante dicha propuesta académico-investigativa para la ciudad y la región. Y si bien es cierto que llega, como mínimo, una década tarde, ahora lo hace en un momento más que oportuno. Por otra parte, es difícil establecer cuál hubiera sido su efecto de haberse formulado dos décadas atrás, pues ante alcaldías autistas no hay academia que pueda influenciar decisión alguna, como bien lo sustentan los recientes hechos en diversas ciudades del país. Por ello, y sumado a que en Cali la academia ha seguido cómodamente ensimismada al interior de sus murallas, ésta difícilmente habría podido evitar que se cometieran tantas atrocidades urbanísticas en la ciudad.

En estos tiempos en los que, dado el inocultable caos, los temas urbanos recobran la relevancia que nunca han debido perder, un programa de formación e investigación en este campo representa una gran oportunidad que supera con creces el limitado papel de formar expertos e investigadores y emitir diplomas. El gran reto en la llamada sociedad del conocimiento es aprovechar el potencial de dichos programas para generar espacios constructivos de discusión ciudadana, de colaboración efectiva con el gobierno local y de búsqueda de soluciones a los principales problemas urbanos. Las universidades líderes a nivel mundial se precian de mantener una fuerte relación con las instituciones locales y nacionales, de tener una alta capacidad de atraer inversión en investigación, de proponer soluciones a problemas reales del contexto local y regional y de difundir tal conocimiento promoviendo la discusión en diversos entornos de participación ciudadana. Todo ello canalizado a través de programas de formación e investigación avanzada, con el respaldo administrativo de sus departamentos académicos y el soporte de potentes grupos de investigación.

Tal reto no puede afrontarse sin dos elementos fundamentales. El primero, la determinación por parte de la academia de traspasar las murallas que la aíslan de los ciudadanos y tender puentes con diversas instituciones locales. El segundo, una decidida voluntad política por parte del gobierno local para generar espacios de colaboración con la academia y de discusión ciudadana.

La Universidad del Valle es la tercera universidad con mayor producción investigativa del país (Colciencias, 2010) y, de lejos, la primera en la región, a consecuencia de ello la Escuela de Arquitectura cuenta con tres grupos de investigación reconocidos por Colciencias con el potencial suficiente para convertirse en centros lideres de investigación urbano-regional: Centro de Investigación en Territorio Construcción y Espacio CITCE, Arquitectura y Urbanismo Contemporáneos, y Hábitat y Desarrollo Sustentable. Además, el programa de maestría contará con algunos de los docentes más experimentados en temas urbanos, y algunos otros que engrosan la nueva generación de urbanistas que empujan con fuerza para posicionar esta disciplina en la región.

Los anteriores atributos son más que suficientes para asumir los retos que demanda la sociedad actual, con lo cual no hay excusas para eludir tal responsabilidad social en una ciudad como Cali. No está de más recordar que es en esta ciudad donde se están invirtiendo unos 900.000 millones de pesos en un controversial paquete de obras de infraestructura financiado mediante contribución por valorización, sin ninguna planificación previa. Muestra de ello es que, digan lo que digan, la obligatoria revisión decenal del Plan de Ordenamiento Territorial ya cumplirá dos años de mora y, además, la ciudad continua sin un real Plan de Movilidad Urbana ya que el actual solo existe en la imaginación de la administración local que, sin ruborizarse, decretó un escueto documento de solo cuarenta y dos páginas como tal. Por suerte, parece que por fin ha llegado el urbanismo a Cali.

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