MIO: LATIGO Y ZANAHORIA

publicado a la‎(s)‎ 20 may. 2016 22:27 por Carlos A. Gonzalez G.   [ actualizado el 20 may. 2016 22:41 ]
Carlos A. González Guzmán


Diario El País
Edición Impresa,
Cali, Colombia. Junio 24 de 2015


Artículo de Opinión

Nuevamente las empresas operadoras del Sistema de Transporte Masivo MIO anuncian una drástica reducción de la flota de buses en servicio, según dicen, dada la difícil situación financiera que afrontan. Al mejor estilo del transporte público tradicional en décadas pasadas, se chantajea a la Administración Municipal y se amenaza a los caleños con paralizar la ciudad.

Esta situación amerita una acción en varios frentes que involucra tanto látigo como zanahoria.

Primero, una adecuada estructura de financiación de la operación con un subsidio que garantice la calidad del servicio. Recientemente, el Municipio decidió compensar el déficit generado por la diferencia entre la tarifa técnica –lo que cuesta ofrecer el servicio (1.760 pesos por pasajero)- y la tarifa que paga el usuario (1.700 pesos). Es fundamental que el esquema de financiación sea adecuado y tenga estabilidad a lo largo del tiempo con base en los aportes del presupuesto municipal y departamental y en la implementación de instrumentos alternativos de financiación como el cobro del estacionamiento, captura de plusvalías, entre otros contemplados en el Plan Nacional de Desarrollo 2015-2018.

Segundo, una eficiente gestión por parte de Metrocali que garantice la oportuna transferencia de dichos recursos a los operadores. De lo contrario, cualquier retraso podría afectar las finanzas de los operadores o bien podría ser usado por estos como excusa para enmascarar ineficiencias internas.

Tercero, mano dura por parte de Metrocali para exigir a los operadores el cumplimiento, según indicadores de desempeño y calidad, de las obligaciones establecidas en los contratos y planes de operación, y la efectiva sanción en caso de incumplimiento.

Cuarto, monitoreo y transparencia mediante una auditoria continua a los operadores y la empresa de recaudo y una efectiva comunicación de la situación a los ciudadanos. Es decir, digamos sí al subsidio a la operación pero con transparencia: ¿La tarifa técnica podría ser menor? ¿Cuál es la situación financiera de los operadores? ¿Qué porcentaje del déficit de los operadores está asociado a ineficiencias de gerencia? ¿Cómo se están usando los fondos transferidos?

Quinto, aumentar el número de operadores, pero no para complacer a los voraces transportadores tradicionales que insisten en boicotear la ciudad, sino para garantizar que el incremento de la flota de buses se dará al ritmo de la necesidad de los usuarios y no de las posibilidades económicas de los actuales operadores. Esto debe incluir la posibilidad de que pueda ser un operador de titularidad pública, como lo tiene Medellín. Por cierto, aquello de que a toda Cali se le puede mover con los 911 buses planificados hace más de una década, no se lo cree nadie, urge un estudio realista de la estimación de la flota.

El interés general de 2,5 millones de caleños prima sobre el interés particular de los empresarios del transporte, es así como se debe pensar el transporte público en la ciudad: en función de la gente. Por ello, los Caleños le decimos un no rotundo al chantaje de los empresarios del transporte, tanto del MIO como del transporte tradicional, y le exigimos a Metrocali que tome las acciones necesarias para garantizar la calidad del servicio a los usuarios. Los ciudadanos merecemos respeto.

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